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Felice, un hombre libre

«Escribir sobre Felice, contener en palabras la explosión de su vitalidad, su energía creativa, el calor, la luz que lo ha acompañado y que continua impregnando nosotros, siempre me ha parecido una cosa imposible por quien ha sido cerca de él y ha conocido las mil facetas de su sonrisa, de sus cóleras, de sus desalientos, de sus reactivaciones improvisas en nuevas formas de comunicación, nuevas estrategias de lucha. Siempre he preferido que cada uno conservase en si mismo la imagen que de él se había construido por su breve o largo caminarle vecino, que le había tocado en su vida. Siempre he dicho que Felice es el conjunto de tantos fragmentos de espejo que cada uno conserva y desde cuales sale aquel momento, aquella salida, aquella pincelada, aquella carcajada, aquel enfado, aquella poesía recitada... pero después pienso que hay también alguien menos afortunado que no lo ha encontrado en su camino y que quizás siente hablar de él o ve algunas imágenes de lo que él nos ha dejado y me do cuenta que yo también, cuando leo o escucho algo que me emociona, quiera saber más sobre quien lo ha imaginado y porqué y cómo. Y entonces he aquí algunas coordenadas para encuadrar el “personaje”.

¿Quién es Felice Pignataro?
Antes de todo - son sus palabras - es un hombre libre.
Nació en Roma, Felice, el 6 febrero 1940 porque su madre Anna Maria estaba allí (“no se puede prescindir de su madre si se trata de nacer” era una de sus salidas preferidas a esto propósito). Pero su familia era de Mola di Bari, pueblo a unos veinte Km de Bari hacia sur. A Nápoles llegó en 1958, cuando se inscribió a la Facultad de Arquitectura con una bolsa de estudios que le aseguraba casa y plato en el pensionado universitario. Después pasa en el Colegio Newman, un alojamiento por estudiantes puesto por la FUCI en el Convento de los Gerolomini y conducido por Bruno Scott James, un venerable cura inglés fascinado por un viaje en Inghilterra de padre Borrelli y llegado con mucho entusiasmo a Nápoles a su séquito y que después, dejados aparte los “golfillos”, se había dedicado a la asistencia espiritual de los estudiantes universitarios.
Devenido administrador del colegio, Felice se encuentra cargado por una infinidad de obligaciones que le impiden la asistencia a la universidad y un normal curso de los estudios. En 1967 decide finalmente de abandonar la facultad de arquitectura y de seguir la vocación de hacerse cura, por esto se inscribe como laico a la facultad de teología de Posillipo conducida por los Jesuitas en via Petrarca.

Contemporáneamente hubo la experiencia del “después-escuela” en el campo Arar, un campo de 189 barracas en Poggioreale, organizado en la barraca n° 128 que fue habitada por Antonio Venturini, un sociólogo, y en la cual, parece, años antes había pasado también Mario Borrelli, el fundador de la Casa del Golfillo. En el campo Arar habíamos junto en 1967, yo a causa de un encuentro con Antonio Venturini que solicitaba la necesidad de una ayuda escolástica a los niños de las barracas, Felice por medio de la FUCI. Éramos al inicio una veintena, luego acabamos col trovarnos sólo yo y Felice y nuestra presencia de bisemanal acabó col devenir cotidiana.
Fue entonces que en 1968 tomamos posesión de la barraca n°128 y empezamos nuestra Contra-escuela. Pero esto está contado ampliamente por Felice en la prefación a su libro “Pasquale Passaguai e altri racconti della Scuola 128” - Ed. Qualevita, 2001.
De Poggioreale al ISES en Secondigliano vinimos en 1969 a séquito de nuestros chicos que allá hubieron asignadas sus casas. El Contra-escuela devino ESCUELA 128. Felice, entretanto, exasperado por el contraste que le aparecía siempre más evidente entre su apostolado concreto, cotidiano, con los últimos de los pobres y la justificación de las injusticias sociales a la luz de la teología católica que le venía dada en la facultad, abandona los estudios de teología con una “letra abierta” en la cual estaban enumerados puntualmente todos los motivos de su escándalo, recibiendo por toda respuesta un par de líneas en las cuales le se aseguraba que ellos habrían rezado por él.


En 1972 nos casamos, poniendo casa en Secondigliano para estar cerca de nuestra escuela. En 1973 con el nacimiento de nuestro primero hijo Luca, Felice se quedó sólo a llevar adelante la escuela, duró hasta 1978, año en el cual la cerró debiendo constatar que, como era considerada “demasiado revolucionaria ya no venía más nadie”. Siguió un período de aparente repliegue sin empeño cotidiano con los niños, pero entretanto nuestros hijos (tres) crecían, empezaban a asistir a la escuela, lo que nos llego otra vez a los problemas de la escuela por que y por quien.
Felice, en los tiempos de la ESCUELA 128, había creado una serie de historietas sobre las incongruencias de la escuela en el proceso formativo de los hijos de los desheredados intitulados “Ciucci perché e per chi” (Burros porque y por quien...)Una colaboración intentada con las clases donde estaban nuestros hijos, en cual Felice ponía a disposición su inventiva, pero también su manualidad (¡cuantos pupitres reestructurados!), y sus conocimientos de los famosos audiovisuales de que todas las escuelas eran dotadas pero que pocas utilizaban, terminó con su expulsión de la escuela con la excusa que no se había sometido a las inspecciones antituberculosas previstas por el personal en contacto con los niños.

De esta nueva absurdidad nació el GRIDAS (grupo despertar del sueño con referencia al sueño de la razón que produce monstruos de Francisco Goya). Estamos en 1981. Del grupo formaban parte unas veinte personas. Para dejarse conocer en el barrio Felice lanzó la idea de los murales: los primeros, autofinanciados, en las cercas de traquita alrededor de una de las pinedas del barrio INA CASA, con los niños del barrio, decía Felice “para tomarse una revancha sobre la supresión de su creatividad en la escuela”.
Colocamos nuestra sede en el viejo centro social de via Monte Rosa, que obviamente la explosión de los colores de Felice restauró y rindió más habitable y menos impersonal. Y allí se ha quedado hasta ahora, menos que a enriquecerse de nuevos espacios y de un nombre nuevo, Casa de las Culturas “Nube Roja”, cuando en 1993 Felice en una de sus locas y ciclópicas hazañas decidió de reestructurar todo el piso de arriba dejado en estado de ruina por los damnificados por el terremoto de 1980 que lo habían ocupado y luego abandonado en 1987 cuando les fueron adjudicadas sus casas. Fue una empresa ardua, paredes reconstruidas, puertas tapiadas y otras abiertas, demolición de los cielos falsos ruinosos con anexos cubiles de ratas, serrar las puertas ventanas que faltaban de parapetos, gastos infinitos para comprar bloques de pomicemento (material para la construcción, n.d.t.), cemento, arena, cal,...
En 1995 finalmente la conclusión de los trabajos. Empiezan entonces las presiones de grupos musicales y más para obtener los locales así fatigosamente restaurados. Al GRIDAS tocó bien poca cosa, un salón, con anexo un pequeño local por los trabajos en grande de construcción de disfrazas y estructuras por manifestaciones varias y por los carnavales del barrio.

Si, porque en estos mismos binarios que voy a reconstruir en base a fechas y sucesiones de eventos, hay que insertar toda la actividad que entretanto Felice era capaz de hacer en otra parte, más de 250 murales que quedan su forma preferida de comunicación, en Campania, pero también en Puglia, y arriba, hasta en Trentino, mosaicos en la manera de Antoni Gaudì siempre de proporciones inmensurables y de efecto fantasmagórico. Hay uno en Duisburg (Germania), grande cuanto toda la fachada de una casa, por un ideal hermanamiento intercultural entre Italia, Alemania y Turchia.

Y después los carnavales, el momento en el cual poder hacer el punto de la situación política del año transcurso y volver a proponer irónicamente mofándose de la protesta de los pobres infelices que por un día en la burla al poder encuentran su propia dignidad.

Hay dos libros que Felice logro imprimir, a su costa naturalmente, además del ya citado Pasquale Passaguai (en cual ha encontrado en su amigo Pasquale Iannamorelli un editor generoso y atento): son sus UTOPIAS, la UTOPIA EN LOS MUROS y la UTOPIA POR LAS CALLES. Y hay los infinitos autoadhesivos que por cada nueva lucha, por cada nueva ocasión de protesta grababa velozmente en el linóleo, entintaba, metía a secar y distribuía, mas elocuentes y chocantes que cualquier verboso papel volante.
Y hay las pantallas por las manifestaciones (¡cuantas! A veces los compañeros les perdían y él les hacía de nuevo, siempre diferentes, siempre punzantes en el eslogan acertado, además que bonitos de color y de luz).
Y hay los rodillos pintados de su Televisor a mano en cual hacía pasar las imágenes y los cuentos que las televisiones, de estado y no, tienen cuidadosamente escondidas.

Y hay el ritmo de su tam-tam que acompañaba incansable desfiles y manifestaciones como a insistir que todos se despertasen, y que no se durmiese más.
Es por esto que nosotros todavía ahora lo sentimos así cerca. Ha sido una presencia demasiado preñada para poder en cierto momento desaparecer. Quizás ahora es él nuestra utopia, pero nosotros, como él, creemos en esto».

Mirella, su compañera de vida.