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La paz y la justicia social

las guerras, los embargos, las opresiones, las minas:
fueron carabelas...vuelven portaaviones


28 mayo - 3 junio 1996
Realización del mural “La paz y la justicia social: fueron carabelas...vuelven portaaviones”, en via Cantore (Génova), al Centro Direccional bajo el “Matitone”(“gran lápiz”: es un palacio en forma de gran lápiz, n.d.t.), con los chicos de la Academia de Bellas Artes, en el ámbito de las manifestaciones: Murales, el Canto de los Muros: muestra fotográfica, congreso, etc. etc.

Ver también en publicaciones.


Testo illustrativo


Un mural del Gridas al centro Direccional de Génova

En los jardines humanos
que adornan toda la tierra
pretendo de hacer un ramo
de amor y condescendencia.
Es una barca de amores
que va ramolcandome al mar
y va anidando en los puertos
como una paloma blanca.
Permiso para cortar
la flor del comprendimiento,
la hierba de la esperanza,
la hojita del sentimiento.
Es una barca de amores...
En el centro de mi ramo
las rosas del corazón,
el árbol mas amistoso
y el fruto de la pasión.
Es una barca de amores...
Violeta Parra


En el ámbito de la manifestación "Murales, el canto de los muros", organizada por el ARCI y todavía en curso en otras ciudad hasta el 20 agosto, se han realizados en Génova bien seis murales en lugares y con autores diferentes. Al Gridas le tocó el muro de via Cantore, cerca del Matitone.
El tema que nos había propuesto era "la paz" en un muro de 67 metros por 3. Apenas visto el muro, me dio cuenta que, como el camino es en declive, si a la cumbre de la cuesta el muro era ancho 3 metros, abajo llegaba al menos a 5, y entonces, en cambio de 200 eran 400 metros cuadros.
Aquí empiezan los problemas: como nosotros humanos no somos dotados de alas, servía un andamiaje, un andamio, o al menos unas escaleras, con las complicaciones que comporta trabajar arriba: más fatiga para bajar y para subir (...el bajar y el subir por las escaleras de los demás...), pintura que gotea en la cabeza de quien esta bajo, problemas de vértigos y de vahído... ( ¡es increíble cuanto la gente sea reacia a alejarse del suelo!)
Había que trabajar con los chicos de la Academia de Bellas Artes, desde el 28 mayo hasta el 4 junio: esto me preocupaba un poco porque entre pintores (los murales en general los hago con quien pasa) no quería cierto imponer mi estilo a los otros. He encontrado un par de ellos la mañana del 28 y con ellos hemos concordado el proyecto, mientras se daba una ojeada a la exposición sobre los murales en los Almacenes del algodón (abierta hasta el 16 junio).
Por la tarde hemos echado mano a la pintura, delineando las figuras con el negro, encaramado (yo) sobre una escalera de seguridad Ercolina gentilmente prestada y llevada allí por Alberto, que ha asegurado que tenia otra dos escaleras de prestar. Después Gino, un machaca del Matitone, nos ha prestado un andamio, a escondidas de su jefe, muy celoso.
Hemos pintado hasta domingo 2 junio, trabajando en término medio 10 horas al día, como hacía José Clemente Orozco, con una decena y más de chicos de la Academia, al inicio tímidos (¡hasta me trataban de Usted!), después siempre más interesados y entusiastas.
Así también se ha interesado la gente que pasaba por la calle: automovilistas, camioneros, peatones, guardias municipales, perros y sobretodo niños, los más entusiastas. Pero los más felices eran los habitantes de los palacios en la colina enfrente al muro, que tienen finalmente algo de bonito de mirar.
Como muchos tuvieron la sospecha que, además de los colores en el muro, en el mural se celara algunos discursos y nos han preguntado el sentido, hemos pensado de ponerlo por escrito, para dejarlo conocer a los demás.
La paz es personificada en una grande cara de mujer (la Luna o la Grande Madre Tierra, Pachamama) cuyos cabellos se prolongan en formas fluidas que devienen por un lado las olas del mar y por el otro degradar de terrestres colinas.
Puesto que estamos en Génova no hemos dejado escapar la ocasión de ilustrar también aquí la frase pensada en 1992 que reasume la crítica a las celebraciones colombinas: en realidad no se trató de un descubrimiento, sino de una conquista, que se perpetuó en un baño de sangre: antes los indígenas y después los esclavos negros, para imponer a los pueblos de la lejana América que todavía no lo conocían, el criterio diseñado de la explotación del hombre sobre el hombre, típico del capitalismo español y en general occidental y el culto del dinero, otro tanto desconocido ("al indio le basta el oro que le relumbra del sol..”..como cantaba Violeta).
Un crimen contra la humanidad, que se volvió contra nosotros porque los norteamericanos, asimilado el capitalismo, después de haber exterminado los piel roja, nos imponen su dominio bárbaro, que no se exprime sólo con la difusión en todo el mundo de la goma de mascar y de la Coca-Cola, sino también con la imposición de los embargos contra los pueblos "peligrosos" por el imperio americano, que por esto son exterminados silenciosamente: una forma más solapada de la guerra para negar a los demás el derecho de existir, en una serie casi infinita de innobles atropellos, como cuenta Noam Chomsky en "Anno 501: la conquista continua" ed. Gamberetti 1993.
La frase es: ": fueron carabelas...vuelven portaaviones ", por esto, a izquierda, hay las tres carabelas mortales que, mientras ostentan en las blancas velas la cruz "cristiana", descubren sus verdaderas intenciones levantando la bandera negra de los piratas. A derecha vuelve a nuestro mar una portaaviones estadunidense, en cuyo flanco, para recalcar el significado, está apuntado el número de la Bestia inmunda de la Apocalipsis de Giovanni: 666.
Pero, por no hacer un discurso genérico sobre la paz, que no es sólo falta de guerras, sino alegría de vivir porque se ha realizado la justicia social, entre las olas azul aparecen tres brazos que terminan con tres manos que estrechan tres árboles cuyos frutos son los productos que realizan la justicia social.
El primero árbol es el árbol del trabajo para todos, por lo cual hay las herramientas-símbolos de trabajos diferentes, manuales y intelectuales, porque todos tienen la misma dignidad: el martillo de mecánico, la hoz, alusión a una siempre más rara realidad campesina (una estúpida que pasaba nos ha dicho: hizo la hoz y el martillo: ¡es comunistas! ¿y aun cuando?), las llaves de mecánico, un gorro de marinero un remo y una red de pesca, pero también un portaplumas con el plumín, un lápiz y un pincel, una pantalla de ordenador, una escoba de barrendero (si bien las que hemos visto de uso en Génova son diferentes de las de sorgo que se usan en nuestra ciudad), pero también un gorro de vigilante o guardián o militar, alusión al terciario, y, no hay, pero lo añadiremos cuanto antes, la herramienta originaria del trabajo, que, como escribía Giordano Bruno, es el inestimable don del hombre: la mano.
El segundo árbol es el árbol de las casas para todos, con el debido respeto para las diferencias culturales: hay por esto la cabaña africana con el techo de paja, un tipi norteamericano, una choza con el techo de chapa, pero con la puerta abierta de par en par (la casa no como barrera contra el extraño sino como lugar de hospitalidad), una casa comunitaria de los Pit River de California, con su buena entrada-hoyo para el humo, un pueblo-casa comunitaria de los Yanohami de Amazzonia, una tienda mongol, pero también un palacio de nosotros.
El tercero árbol es el árbol de la hermandad.
Hemos representado, entre las frondas, las caras de los integrantes de pueblos diferentes, sobretodo los cuyos derecho a vivir es puesto en tela de juicio: el indígena de Amazzonia, el piel roja, el tibetano, el palestino, el curdo, pero también el negro y el occidental y la cara, símbolo del Gridas, mitad calavera, mitad payasa, para representar la elección entre el sueño de la conciencia y la alegría de vivir.
El primero de junio supimos de la muerte de Luciano Lama y, aunque en su vida tuvimos muchos motivos para criticarle, por respeto de él, entre los labios de una de las caras, añadimos la pipa, en la cual él quería fumar.
A derecha el discurso sigue con un vortiginoso corro de figuras de diferentes pueblos del mundo, en un degradar de colinas: no todos, sino muchos, cada uno con algunas indicaciones que le identifica.
Concluyen el pintado algunas flores gigantes.
Las flores gigantes no se pueden pisar, transforman los hombres, los transeúntes, en gnomos, así, en una imagen, se reasume la paz con la naturaleza: la ecología.
Entre las flores sale un tucán y, hacia arriba, un quetzal, pájaro del centro de América, del cual la leyenda dice que vive sólo libre y puesto en jaula muere; que se puse mudo en el momento de la conquista y volverá a cantar cuando su pueblo será de nuevo libre.
En el fondo, bajo las olas, los cabellos y las nubes, hay pero las imágenes de nuestra cotidianidad: de la guerra en la ex Yugoslavia (que mala palabra) símbolo de la insensatez de todas las guerras, a la conmixtión entre guerra y embargo y control del mercado del petróleo crudo. De las minas antipersonal, que amenazan la vida y la integridad física de millones de personas también después el fin de las guerras oficiales, con exclusiva ventaja de sus fabricantes, al uso del encarcelamiento y de la tortura, a las máquinas de guerra y, sobretodo, al dinero, verdadera razón última de cada guerra, como de cada atropello.
Mientras pintábamos, el administrador del Matitone nos pidió de hacer algo también en la otra porción de muro entre la puerta del garaje y la rampa inicial, así, desde el gris del fondo, que fue dejado tal para dejar resaltar mejor los colores, salieron un grande sol y una luna, alegremente guiñantes, y una nube lila que les enlaza.
La Max Meyer nos abasteció gentilmente gratuitamente de la pintura y quería que como agradecimiento, o, como se dice, "como rédito publicitario", nosotros pintásemos su símbolo en el muro. Pero, como los colores que nos dio crearon algunos problemas, de mezcladura y de capacidad de cubrir, porque no les conocíamos, nosotros como también los otros muralistas, (creo que fueran aquellos usados en fábrica, pastas coloreadas muy intensas, de unir con tres tipos de aglutinantes, más o meno densos y capaces de cubrir), nuestro perro rodado col pincel en la boca tiene las lentes negras de ciego.
Por otro lado fue pillado en el momento de una prosaica actividad: mientras hace piz contra la boca de riego en la entrada del garaje.
Así, en conclusión, quien recurre el muro tiene todavía, a la altura de sus ojos las imágenes conocidas de los desastres cotidianos, pero si alza los ojos a ver las estrellas, las imágenes son las del sol, de la luna y de la reconciliación con los otros hombres y con la naturaleza: la paz.
No es una utopia, porque esto, como los otros murales hechos en estos días, fueron realizados gracias al trabajo gratuito de los pintores y de los chicos.
Nadie fue “pagado” por esto, no porque no sea justo que el trabajo sea retribuido, sino para testimoniar que hay todavía hombres que no cultivan el culto del dinero, por esto hay la certeza que la paz es posible.
Y, como decía Brecht a propósito de Lao Tse y del aduanero, se diga entonces gracias a los pintores que hicieron el trabajo, pero se diga también gracias a Alberto y Emanuela, del Arci, que rindieron posible todo esto.
Nápoles, 6 junio 1996


A los chicos de la Academia Ligustica de Bellas Artes que trabajaron al mural de via Cantore
Nápoles, 5 junio 1996

Queridos chicos,
estoy en mi casa, vuelto a caer en la lucha cotidiana y me consuela rever la hoja con vuestras firmas, por lo cual siento la necesidad de escribir para os dar las gracias de haberme repuesto. Era necesario, porque hay que tener mucha energía para continuar combatiendo contra un ejército de cabrones.
Vuestro entusiasmo y vuestra alegría, como la de los transeúntes, fueron el cuidado mejor contra la desesperación que a veces está en acecho.
Fue la primera vez que fue tratado con el respeto que valgo: aquí yo hago las mismas cosas y soy continuamente humillado.
Os recuerdo con afecto: el silencio de Martina, la timidez inicial de Luca y Federico, la discreción de Tina, el empeño de Enrico (ha hallado su Vespa?), la superabundancia de piercing y la extrañeza extravagante de peinados del pelo, las cerezas, la pintura en la piel que impide el bronceado, los huesos pintados en la pierna de Michela, la alegría en los ojos de Luis, el afecto de Michela y de Maria Antonietta, y de todos los demás de los cuales no salí a aprender bien los nombres, hecho de que me disculpo.
Gracias!
Se despidiendo, algunos de vosotros sentían que yo me largara pero me llamaba aquí el empeño urgente de un testimonio que, aunque discrepa cotidianamente contra una desesperante indiferencia y insolencia, siento de deber continuar dando.,Michela, no es necesario que me tenga siempre cerca: es suficiente que sepáis que yo existo y que yo sepa que vosotros existís. (Acordad Ungaretti ("en muerte de un amigo"): y quizás yo sólo/sé todavía/que él vivió!).
Es necesario que no perdáis el empeño y que encontráis la manera de continuar a hacer.
Quedad cerca de Alberto De Simone que es una persona excepcional y puede os dar estímulos y propuestas porque está donde estáis vosotros y luego es mi gemelo.
Dejad correr los enseñanzas tontas y inútiles: aprended a mirar con vuestros ojos y a hacer con vuestras manos, en cambio de copiar las cosas de los demás; como decía Cennino Cennini, entrad por "la triunfal puerta del pintar desde los caracteres", para poder ver las cosas con los ojos maravillados de un niño y no devengan invisibles por demasiada habituación las bellezas que tenemos cotidianamente en nuestras narices.
El sol sale cada día, aunque algunas veces sea escondido por las nubes, aunque hay días felices y días tristes y días trágicos, pero cada día es un desbordamiento de colores, de diferentes tonalidad, según el genio, las gradaciones, el clima cotidiano...
Adiós a todos, con gratitud y afecto

Felice Pignataro